El Celta de Vigo sueña con la Champions. Los de Giráldez pusieron fin a la mala racha de diez semanas sin ganar en Liga en su estadio y lo hicieron a lo grande. Como su sueño de meterse en una hipotética quinta plaza que le diera acceso a la Champions.
El Elche salió con ganas de comerse el mundo para intentar salir adelante y consolidar la tendencia ascendente de los últimos partidos. Habían encadenado tres triunfos consecutivos y querían mantener esa línea, pero todo se vino abajo cuando, casi quince minutos de partido, Affengruber cometió un error juvenil al intentar ceder el balón a Dituro. Su mala asistencia fue aprovechada por un atento Javi Rueda, que centró rápidamente para la llegada de Hugo Álvarez. El lateral apenas tuvo que empujar para abrir el marcador.
El error derribó a su equipo, que parecía atónito. El Celta lo vio claro y quiso darle el segundo gancho de la mano de Iago Aspas. La leyenda de Balaídos conectó un sensacional derechazo desde fuera del área para ampliar distancias. El equipo de Sarabia intentó reaccionar, pero solo contó con un cabezazo de Álvaro Rodríguez y otro de Chetuaya que no encontró portería. Y así, con la victoria del Celta encarrilada, a los vestuarios.
En la segunda parte el partido se complicó aún más. Celta, encantado. Los vigueses quizá se hayan sorprendido por la falta de reacción de un Elche completamente desaparecido. De poco o nada sirvió la charla que les dio Sarabia en el vestuario porque el equipo apenas se presentó.
La primera acción de peligro no se produjo hasta cerca del minuto 70, y fue para los locales. Una gran acción de un combativo Jutglá obligó a lucirse a Dituro. Pero el fútbol, como la vida, te da sorpresas. El Elche lo vivió en carne propia cuando recibió un penalti en el tramo final. Un pisotón involuntario de Manu Fernández sobre André Silva hizo que los portugueses recortaran distancias.
Pero fue un tiro en blanco porque el tiro de gracia lo dio Borja Iglesias, que le sentenció poco después tras un estupendo taconazo de Swedberg. Una delicatessen que puso la guinda al pastel y siguió soñando con el plato estrella, la Champions.