Esteban Andrada ya sabe el precio a pagar por sus acciones. El portero del Zaragoza ha sido sancionado con 13 partidos por el puñetazo que propinó a Pulido en la cara en el partido Huesca-Zaragoza de la pasada jornada.
"Suspensión de 12 partidos por atacar a otro", señala la Comisión Disciplinaria en su acuerdo, a la que hay que sumar otra por la doble amarilla vista antes del ataque. Además, sanciona a Dani Jiménez, portero del Huesca, con cuatro partidos por su ataque en la pelea tras el puñetazo de Andrada y a Tasende, de Zaragoza, con dos.
El portero, en los instantes finales del derbi, en los que ya tenía tarjeta amarilla, fue a protestar una acción y acabó empujando a Pulido. Dámaso Arcediano le mostró la segunda tarjeta, lo expulsó y Andrada perdió la cabeza, corriendo y golpeando brutalmente a Pulido y "provocándole un hematoma en el pómulo izquierdo", aspecto clave para la sanción que el árbitro dejó constancia en el acta.
El mismo domingo, Esteban Andrada pidió disculpas públicamente tanto al Real Zaragoza y su afición como al propio Jorge Pulido por el puñetazo que le propinó en la prórroga. "Lo siento mucho", dijo. Luego, este martes llegó el perdón privado. El portero envió un mensaje telefónico al capitán del Huesca para disculparse y sellar la paz tras un suceso que ha dado la vuelta al mundo.
A juicio de este Comité, son circunstancias concurrentes que agravan la conducta: en primer lugar, hay que señalar que la conducta agresiva se produce estando el juego parado y como reacción a la expulsión del jugador posteriormente agresor, por doble amonestación. En lugar de retirarse al vestuario, como manda el artículo 120.3, el jugador adopta una actitud agresiva y corre -voluntariamente- hacia el capitán del equipo rival. Una vez que le llegue, (i). saltar hacia él y (ii). Le da un puñetazo.
La mínima premeditación que exige desplazarse hasta la posición de víctima, junto con la ejecución de la acción con uso excesivo de fuerza según consta en el acta, acredita un fraude concreto que este Comité valora como agravante de primer orden. La naturaleza del golpe (directo, en la cara, con fuerza excesiva) coloca el comportamiento en el extremo más grave del espectro de ataques subsumibles en este tipo.
A esto se suma el resultado perjudicial comprobable: hematoma en el pómulo izquierdo, lo que acredita la intensidad real de la acción. La consecuencia de este hecho es la generación de una disputa entre los jugadores restantes. Es decir, la agresión genera un enfrentamiento entre equipos que no es propio de los valores del deporte, ya que es una circunstancia que trasciende la agresión individual y pone en riesgo la integridad de terceros y el orden del partido. Además, se debe valorar que el jugador agresor no abandone su actitud y continúe con su estado de ánimo confrontativo. Esto provocó que fuera necesaria la intervención de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para proceder a su traslado a vestuarios.