Cuando mejor lo pasaban, una vez más, el Betis decidió complicarse la vida. Les pasó hace unas semanas en el partido de vuelta de los cuartos de final de la UEFA Europa League, ganando 2-0 al Sporting de Braga tras un inicio de partido arrollador para acabar perdiendo 2-4 y quedar eliminados. Había sucedido semanas antes en el derbi, también 2-0 arriba para acabar 2-2. Y lo repitió anoche en Anoeta ante un rival que prácticamente no tenía nada en juego y que casi se lleva la victoria.
En un partido de alternativas y ocasiones clarísimas, los de Pellegrini habían conseguido marcar por partida doble, con un golazo de Antony en el tramo final de la primera parte y otro espectacular de Abde al inicio de la segunda. Pero los cambios, que en otras ocasiones habían servido para dar consistencia al conjunto verdiblanco, esta vez no surtieron efecto y provocaron que la Real Sociedad se hiciera con el control total y absoluto del partido, llegando una y otra vez al área de Álvaro Valles y marcando hasta cuatro goles, aunque dos de ellos no entraron en el marcador por fuera de juego.
Un despropósito de los minutos finales para el Betis que empezó con la desconexión defensiva de Deossa, nada más saltar al terreno de juego, a la hora de seguir a Sergio Gómez en la jugada en la que el lateral catalán asistió a Óskarsson para poner el 1-2. Y eso continuó en la prórroga, con una polémica mano de Ruibal que el árbitro gallego Alejandro Muñiz decretó como penalti. El criterio de los árbitros con las manos es ahora indescifrable y el VAR no quiso saber nada del asunto, permitiendo empatar a Oyarzabal.
Después de que el Celta había atacado el Metropolitano un par de horas antes ante un Atlético al que se le paró el reloj en Londres, la lucha por la quinta plaza de la Liga de Campeones se está volviendo un poco más reñida para los verdiblancos. Todavía tienen un colchón de cuatro puntos. Pero después de haber podido sellar prácticamente su objetivo el martes al imponerse al Elche, ahora, quizás, habrá que esperar a la penúltima jornada... o incluso a la última jornada, ante un Levante, que podría llegar a La Cartuja ya descendido... o como el equipo de Sarabia, jugándose la vida.
La Real Sociedad poco o nada tuvo que ver con el equipo que había perdido en casa ante el Getafe con cuatro tiros a portería sin marcar, se había dejado empatar en Vallecas tras ir ganando 1-3 en el minuto 84 y había caído en el Sánchez-Pizjuán el pasado lunes sin rematar un solo disparo a portería. Empujado por su afición, el equipo de Matarazzo tiró de orgullo para evitar que la recta final de la Liga dejara un mal sabor de boca a los suyos tras el éxito copero que les asegura estar en la próxima Europa League.
Pero la responsabilidad, sin duda, recae en un Betis que no encontró la manera de frenar el vendaval donostiarra de los últimos minutos y que se hacía más pequeño con cada cambio. Una vez más, los de Pellegrini tuvieron en su poder dar un golpe de autoridad en busca de la ansiada Champions y lo dejaron escapar. Les faltó solidez, les faltó orden defensivo, les faltó saber tener más el balón y también les faltó cierta picardía para saber parar el partido. Ahora tendrán que arriesgarse en La Cartuja con la defensa en escuadra. Los verdiblancos suscriben el sufrimiento.