Vallecas vive la mejor primavera de su historia. El Rayo, en semifinales de la Conferencia, da un salto de gigante en la clasificación para acercarse también a la permanencia.
Iñigo saltó al césped todo lo que pudo, entre tantas bajas por lesión y sanción. Y Manolo sacó a relucir lo que suele hacer. El problema es que a lo que están acostumbrados no ha ganado ni un solo partido en la segunda vuelta.
La primera parte fue perfecta para celebrar el Día del Libro y quedarnos un rato más leyendo sin mirar la tele. Edu Expósito lo intentó con un disparo lejano que permitió lucirse a Cárdenas con una paloma voladora... y poco más. O nada más.
No es difícil imaginar a los dos entrenadores en el descanso, con la clasificación escrita a mano en la pizarra y golpeándoles con las manos para ver si su equipo, aunque fuera por miedo, despertaba. Y funcionó, porque empezamos a ver a los porteros.
Isi se agazapó como una rana en el área y con un cabezazo en picada obligó a aparecer a Dmitrovic. El serbio, ya caliente, repitió parada unos minutos después a disparo de Alemao, al que se le podría pedir que estuviera un poco más fino en esa suerte que domina.
Y cuando el Rayo giraba más el partido hacia el área del Espanyol llegó el penalti de Óscar Valentín. El capitán del Rayo tapó un disparo de Kike García sacando una mano que ni siquiera era la cerámica flamenca que le hacías a tu abuela en el colegio. Pero Dani Cárdenas había arreglado la red y no quería que se estropeara, así que detuvo el penalti a Kike García. Pere Milla desaprovechó una ocasión clarísima poco después y Vallecas empezó a creer.
Camello, que todavía no había marcado en LaLiga esta temporada, galopó hacia la portería de Dmitrovic, hizo un autopase y golpeó al portero bajo las piernas para provocar la locura en la grada.
Como los de abajo no paran de sumar puntos, es complicado dar por salvado a nadie. Rayo y Espanyol se han tapado los oídos y cerrado los ojos, esperando que cuando los abran se acabe LaLiga y cuando sientan el cuerpo se encuentren intactos, en el mismo lugar en el que estaban cuando se taparon: en Primera División.