El Oviedo podría ser este lunes equipo de Segunda División. Lo será si el Girona marca en Vallecas. Será el punto final de una temporada para olvidar, por muchos minutos que sí diera la cara ante un Getafe que resultó, en cualquier caso, decepcionante. El equipo de Bordalás no supo rematar a un rival loco que acabó con nueve jugadores sobre el campo. Dejó de sumar dos puntos que le podrían costar su sueño europeo.
El Oviedo no tuvo suerte ni siquiera en sus apuros iniciales. Ni cuando el palo escupió el disparo de Chaira ni cuando, apenas dos minutos después, Bailly tuvo que abandonar el partido mareado tras un golpe en la cabeza. Un perro flaco...
Una vez apagado el destello inicial, y visto lo visto en partidos anteriores, el paso de los minutos iba a hacer al Getafe mejor, ni valdría cita. Bordalás pobló su once de jugadores valientes, capaces de igualar e incluso superar la intensidad que se suponía de un rival tan necesitado.
De ahí que el partido se fue inclinando, poco a poco, hacia el lado visitante. Todo transcurrió como a cámara lenta, pero lo cierto es que, pasados los primeros 25 minutos, se jugó lo que Bordalás quería.
No fue un dominio arrollador, pero sí que le regaló un par de acciones de peligro, en dos remates de Davinchi y Mario Martín a los que respondió con solvencia Aarón. Poco más que añadir a una primera parte muy difícil de digerir.
De los vestuarios tampoco salió un Oviedo mejorado. Angustiado y bloqueado a partes iguales, el equipo de Almada llegó tarde y mal a casi todas las acciones. En una de ellas llegó la expulsión de Javi López. El canario perdió el control del balón y trató de recuperarlo tirándose fuerte al suelo, desestabilizado y muy forzado. Golpeó con los tacos el pie de Juan Iglesias. Dura entrada que César Soto castigó con amarilla. Pero el castigo, que todos habían aceptado como bueno, no le pareció suficiente al árbitro del VAR, que envió a su colega al monitor. A partir de ahí, el televisor se puso amarillo y rojo. Con permiso de 'Review Time, uno tiene la sensación de que el castigo correcto fue el inicial.
El rojo se volvió hacia Tartiere, que se sintió perjudicado. Desde ese enfado intentó empujar a su equipo. Y lo consiguió. De hecho, el Oviedo controló mejor al Getafe con 10 que con 11. También ayudó la entrada de Cazorla, que dio más criterio a las pocas acciones de ataque locales.
La mejoría del Oviedo no impidió que el Getafe tuviera un par de buenas ocasiones. La tuvo Arambarri, en una de esas que no suelen fallar, y la tuvo Sancris, en una falta durísima a la que Escandell, el mejor de los blues, respondió con una buena estirada.
Si el Oviedo ya lo tenía complicado con el 10, Sibo quiso complicárselo aún más expulsándose en una fea entrada sobre Arambarri. El futbolista ghanés dejó sus zapatos en la rodilla del uruguayo en una acción, esta vez de color rojo claro. Necesitaba que el monitor César Soto castigara en vivo una acción que dejó suceder.
Ni con dos menos llegó el gol del Getafe, que pareció apresurado y torpe para atacar a un equipo en clara inferioridad. No tuvo ni la claridad ni el fútbol necesario para rematar a un Oviedo desesperado. Más allá de dos situaciones más o menos claras de Satriano y Lucho Vázquez, dejó pasar los minutos sin pena ni gloria. Oviedo, al menos, alargó un día más su estancia. Se lo merecía.