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Una subasta de Iglesias que va a misa

Redacción FutbolYa

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Una subasta de Iglesias que va a misa
Una subasta de Iglesias que va a misa | Aviso: Imagen ilustrativa obtenida de internet. Derechos de sus respectivos autores.

No parece casualidad que haya sido justo después del cambio de Griezmann cuando el Celta haya marcado. A Simeone le entraron las prisas justo en el momento en que, con el marcador todavía empatado, eso sí, su equipo estaba sacando minutos potables, así que el fútbol le hizo pagar. Lo que es incluso cruel es que el error en el origen de la jugada fue fuera de Koke, otros 90 minutos para el capitán, siempre dignos, lo cierto es que Swedberg la metió dentro y Borja la picó de una manera deliciosa para alimentar las esperanzas del Celta por esa dulce quinta plaza.

Y todo pasa por la feliz Champions. La semana, por ejemplo, había sacado al Atlético del presente y hacia el futuro. Pero lo segundo ya se da por hecho, también había llegado de forma indirecta, por lo que el primero tuvo mucho más peso en un ambiente que tendía a lo melancólico y al que también contribuyó un día desagradable. De vuelta a la máxima competición continental, el Rayo había entreabierto el jueves una puerta por la que el Celta decidió colarse el sábado. Sin hacer demasiado, pero con un disparo de Iglesias que se va a misa.

El inicio rojiblanco fue potable, y dio pie a que Griezmann estuvo a punto de marcar involuntariamente, a un penalti de Javi Rodríguez (mano en el suelo) y a Lookman corriendo hacia la escuadra, pero la impresión era que allí el partido se jugaba por inercia, uno dominando, el otro dejándose dominar, sin que ninguno de los dos estuviera especialmente preocupado. Fue entonces cuando Giménez cayó físicamente, esta vez tras un feo choque con Borja. La vuelta del uruguayo había durado 20 minutos, ausente en las grandes batallas que había deparado el calendario. Le Normand a la hierba y a algo más.

El Celta intentó amasar el balón, que de todas formas apenas se acercaría al dominio de Oblak en ese primer acto, si acaso uno de Borja que se fue desviado pero que también mereció bandera izada. El Cholo intercambió las posiciones de Llorente, en el centro, y Baena, en la derecha, lo que en el continuo proceso de aprendizaje que ha vivido el buen Álex esta campaña se tradujo en que por momentos fuera quinto en la fase defensiva. Siguieron cayendo alguna que otra ocasión, el disparo de Grizi y el cabezazo de Sorloth cada uno más inocentes, pero el ritmo ya era absolutamente agotador.

En realidad no se había jugado ni bien ni mal, todo lo contrario. A falta de otras emociones, eso sí, el intermedio dejó en el césped una petición de matrimonio. En efecto, queridos amigos, queridos amigos: todavía hay gente que se casa. El primero tras la reanudación fue de Moriba, pero pronto llegó uno del otro lado en el que todo estuvo bien hecho: saque largo de Koke, toque corto de Baena, taconazo de Sorloth... y parada de Radu. El número 10 del Atlético estuvo un rato en broma, ayudando también a Lookman para que el nigeriano siguiera en el molde.

Entonces Simeone decidió meterse y pasó lo que pasó, también porque, más allá de sacar del campo a Griezmann y Lookman y conceder la enésima oportunidad a un inane Almada, todavía prescindiría de Baena precisamente para quedarse sin movimientos a falta de más de 20 minutos para el final. Uno de los que habían aparecido, el canterano Cubo, se quedó con las dos últimas plazas, entre otras cosas porque él mismo lo hizo, mientras el Celta (y el árbitro, por cierto) se esforzaba para que acabara lo antes posible. Y terminó. Era una tarde de melancolía rojiblanca, no de nostalgia azul.

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