Ni lo uno ni lo otro tienen nada que ver. No es casualidad que el Espanyol llegue a 2026 después de un comienzo de Liga increíble. Tampoco es cierto que el Levante haya conseguido levantar cabeza después de parecer completamente desesperado y con el billete al descenso comprado desde hace tiempo.
En Barcelona ambos confirmaron los motivos de este cambio de tendencia. Los de Manolo González son los que quiero y no puedo. Aplicados en la presión, intensos en su juego, pero con un apagón preocupante en los últimos metros. El Levante, desde la llegada de Luis Castro, ha sacrificado una apuesta quizás más atractiva por el oficio, el sacrificio y el empuje lógico a la hora de jugar con el ánimo de su público. En casa nos vimos ante el Espanyol, lo primero es ser sólidos y luego ya veremos.
Con estas carencias, la primera parte transcurrió sin pena ni gloria, con la lesión de un asistente como hecho más destacable y un par de ocasiones que, al tirar la línea, no fueron tales. Víctor García encontró a Dmitrovic al inicio del partido en la única transición granota y el Espanyol optó por unos centros laterales que Kike García nunca remató con claridad.
El hecho de que Dmitrovic fuera quien dio la mejor asistencia de gol del partido es un síntoma de esta falta de creatividad ofensiva. En un disparo propio dejó solo a Pere Milla ante Ryan pero el delantero de Perico se equivocó, tras un bonito control, en el disparo final.
Ni siquiera la intervención de Manolo González para colocar dos delanteros con la entrada de Roberto modificó la amenaza del conjunto catalán. De hecho, el Espanyol acabó haciendo un partido largo y el Levante se creció en el tramo final del mismo. Quizás esa fue la estrategia partidaria inicial que diseñó Luis Castro. Un partido de desgaste, de poco fútbol y de alguna oportunidad con la que atacar el RCDE Stadium. Tampoco fue así.
Nada hacía presagiar un final de locura el que propició Pol Lozano con su entrada en el minuto 85 y posterior expulsión en el 87. Etta Eyong falló un gol ante Dmitrovic, quien apareció nuevamente para neutralizar un disparo de Carlos Álvarez que terminó estrellándose en el travesaño. Roberto tuvo la del Espanyol pero la falta de puntería dejó un marcador que no satisfizo a nadie. El objetivo de ambos sigue siendo una cuenta pendiente.