Desde que se supo que Pablo Longoria era el director deportivo de River Plate hace dos semanas, su presencia ya ha sido notoria en el día a día de los 'Millonarios'. Apareció de forma repentina en la expedición del equipo en el duelo ante el Bragantino en Brasil y desde entonces su figura está en todos los lugares donde el equipo vaya. Esa va a ser una de sus funciones. El día a día, piel con piel. Un control deportivo total.
El español ha dejado el área ejecutiva para volver a lo más estrictamente deportivo. Esta oportunidad que se le presentó era total: “Me pone loquísimo”, transmitía a sus más allegados. Si bien su primera intención una vez dejó su cargo de presidente del Marsella a finales de febrero fue tomarse un tiempo prudencial... el siguiente reto no llegaría a tardar. Demasiado 'pronto'.
Llegado este punto lo que no quería era que le encasillaran en alta dirección. Ha aprendido mucho de gestión, de toparse con los más altos dirigentes del fútbol francés y europeo, de negociar por todo. De tomar grandes decisiones. De ser reconocido como tal. Pero una vez fuera del cargo lo que no quería era estar encasillado en ese rol. Quería volver a lo deportivo estrictamente y Argentina le abrió las puertas. Quería volver al 'verde'. Al más puro estilo de captar jugadores...
Tuvo oportunidades en Europa para 'reengancharse', pero las propuestas no le sedujeron en Inglaterra e Italia. De repente, un día se topa con la llamada de River Plate. Un fútbol y un concepto diferentes... muy diferentes. Un fútbol natural. El de toda la vida lejos del maremágnum que se ha convertido Europa con esa combinación clubes, fondos de inversión y gestión deportiva que ha hecho perder la esencia de este deporte.
Lo que ha respirado nada más llegar a Argentina es el fútbol de antaño. Un club a la antigua usanza. Donde las parcelas están muy definidas. Y donde la gestión deportiva está clara y la gestión financiera también. Cada uno con sus funciones. Y todo ello está metido en una coctelera que hace de River uno de los más grandes en Argentina y Sudamérica.
Y lo ha tomado como una gran oportunidad de gestión... Su gran oportunidad de volver a le gestión deportiva de la mano de un grande.
Fueron semanas largas e intensas. Todo debía quedar bien atado. En cuanto a funciones en el cargo. En cuanto a capacidad porque el cambio de vida iba a ser especialmente notorio. Y llegó la entente en un reto que le apasiona. El funcionamiento de River es el de un club normal en todos los sentidos. Donde cada uno tiene una parcela definida, léase Di Carlo, Francescoli, Ponzio, Longoria... donde se respetan las funciones de cada uno, pero donde el ovetense tiene plena autonomía en lo deportivo. De elegir primero y consensuar después con la gerencia.
Ahora toca remangarse y ponerse en la confección de un proyecto que lleve su sello. Donde va a tener que trillar el mercado sudamericano. Ecuador, Uruguay... en el punto de mirar de un mercado emergente. Y mirar a Europa. A posibles oportunidades que se presenten de jugadores con ganas de regresar a Argentina. Ahora bien deben saber a qué tipo de fútbol vendrán. Diferente al ritmo europeo. A vivir el contacto otra vez.
Ahora llega a un cargo que conoce a la perfección, cinco años después, y lo hace con mayores conocimientos de cómo se maneja el fútbol. Esencial para poder meterlo en una coctelera y darle brío. Saldrán mejores decisiones que, por ejemplo, en Valencia o en su primera etapa en Marsella en dirección deportiva. El aprendizaje se ha visto multiplicado. Y es lo que ha buscado River. Ponerle orden a la casa con una gestión mucho más tendente a lo profesional. Con ese orden los visos de mejora no se harán esperar.
La estructura en la que se piensa en River con Pablo Longoria es la de que sea una especie de jefe general de fútbol y todo lo que rodee el fútbol en su parte de marketing para poder ser un complemento más en sus funciones para ayudar a crecer. Un director deportivo total con mayores conocimientos de gestión en un club. Acompañado de la figura de Francescoli, una institución. Debe implementar un estilo propio en el club. Una reestructuración interna en busca de una mayor profesionalización. Establecer áreas. De cantera, de formación, de fichajes, de primer equipo... A eso va.
Según ha podido saber MARCA de fuentes de River, dicho ente busca aumentar ventas con jugadores que capten y crezcan en la entidad bajo el estilo de la nueva dirección en la base, al margen de crecer evidentemente en lo deportivo y seguir en lo alto de la representación del fútbol argentino y sudamericano. A todo ello se le une una posible gestión con Chelsea para la firma de un convenio donde colaboren pero queda lejos de momento. Pero esto podría suponer que en un futuro haya un porcentaje de traspasos, prioridad de compra con lo que salga de Argentina...
La figura de Longoria va a servir para abrir nuevos frentes con los contactos que tiene y para potenciar las relaciones directas con clubes europeos. Crecen unos y otros. Es la forma que pretende River para ganar notoriedad. Dentro pero fuera también.