El último derbi de la temporada en Mendizorroza acabó en oro para el Athletic. El 2-3 que firmó Nico Williams siete minutos antes de llegar al minuto 90 desató una celebración de la Champions. Todos en el banquillo saltaron al campo como si fuera algo definitivo. El Athletic se salvó del barro del juego apretado por el descenso. Cuando el pequeño Williams puso el 2-4 poco después, el pensamiento ya era de otro color: el Athletic ahora quiere creer que es candidato a la postre europea. Fue un duelo apasionante en un estadio preparado para la supervivencia con un Alavés cargado de alicientes para dar sentido a los deseos de su afición. El conjunto blanquiazul se adelantó en dos ocasiones y el Athletic recuperó el orgullo que parecía olvidado en dos ocasiones.
La comunión exigida entre los alavesistas propició lo que cualquier aficionado anhelaba cuando se dirigía al campo: marcar primero y pronto. Esto fue lo que consiguió el Alavés en su primer disparo a portería. Golazo de Antonio Blanco en apenas 8 minutos de juego. El empate lo firmó Robert Navarro en la segunda jugada tras el descanso. Fue el primer disparo a portería de los leones. El equipo de Quique Sánchez Flores ocupó el campo con suficiente solvencia como para preocupar y asustar al Athletic necesitado de una buena sacudida para despertar de esta tortura en la que está convirtiendo el desarrollo de su campaña. En un partido hecho jirones y continuidad descosida, el plan ofensivo del Athletic consistía la mayor parte del tiempo en echársela a Nico para ver qué era capaz de hacer el pequeño Williams.
Los primeros cinco minutos tras una reanudación con tres cambios en el Athletic tuvieron más ritmo y continuidad que todo lo anterior: primero Ibrahim casi clavó el segundo con un balón que se fue al lateral de la red y en la acción inmediata Robert Navarro se metió dentro y ejecutó un disparo que tropezaba a Ángel Pérez para poner el empate a uno. El miedo y la tensión cambiaron de bando. De momento, frustraron al Alavés en su intento de escapar por primera vez en 19 días de regresar al vestuario sin encajar gol.
Una tarde lluviosa en Vitoria, el partido se detuvo unos minutos porque fallaron algunas luces del estadio, bajando la intensidad lumínica. La interrupción desorganizó los cuerpos en plena tormenta y lo pagó Guruzeta, que en el minuto 66 remató con la peor superficie posible de su pie y despejó en lugar de rematar. La desconexión, sin embargo, fue sólo rojiblanca, ya que Tenaglia fue más inteligente que nadie para rematar un córner y poner por delante al Alavés. El gol alivió al Alavés y añadió malestar a la Liga para un Athletic que por aquel entonces ya sumaba 17 derrotas en Liga. Lo dispuso Sancet, que recogió un balón al borde del área y lo centró a placer, tal y como hizo en varias ocasiones el año pasado, para buscar la opción más oportuna y machear a Sivera.
La reacción de los leones no quedó ahí porque en ese tramo del partido apareció con éxito Nico Williams, para regresar con goles de la victoria. El 2-3 fue a la manera de Sancet, bailando por el área antes del disparo, y el 2-4 con un sprint tras un error en el despeje de su defensa.