Tras el diagnóstico de la fractura en su pómulo, sufrida en un brutal choque con Manuel Locatelli, a todos los 'tifosi' del Milan les pasó lo mismo: ¿y si aquel Milán-Juve fuera el último partido de Luka Modric en San Siro?
Sería una injusticia. La historia de amor entre Luka y Milán, que comenzó mucho antes de esta temporada, cuando el croata era sólo un niño persiguiendo una pelota por los patios traseros en plena guerra de los Balcanes, merecería un final muy diferente. No uno tan gris y desalmado como aquel Milán-Juve.
Y, sin embargo, el riesgo está ahí. La tarde del domingo, el Milan de 'Max' Allegri saltó al campo sin su brújula, Modric. Y como un niño en su primera salida sin sus padres, parecía perdido, desconectado. Un duro 2-0, jugando con diez, que Allegri calificó como “la peor actuación de la temporada”.
Pero los problemas se remontan a mucho más atrás. Tras una primera vuelta sobresaliente, aferrado al sueño de luchar por el 'Scudetto' ante el Inter, el Milán se ha desinflado. Igual que la propia Juventus de Allegri en la 2023-24, cuando tras aquella Inter-Juve apenas sumó catorce puntos en trece partidos.
Desde que ganaron el derbi con gol de Estupiñán, los 'rossoneri', tras desperdiciar la oportunidad de acercarse a cinco puntos en Roma ante la Lazio, parecen haber soltado el acelerador: siete puntos en los últimos siete partidos. Cuatro derrotas en los últimos siete. Un colapso sonoro, casi incomprensible.
Como si, tras perder la épica lucha por el título, el equipo hubiera tirado la toalla. Y cuando las motivaciones se desvanecen, toda la fragilidad del marco táctico sale a la luz. El Milán, hoy, está ausente: no defiende, no ataca. Ya no tiene la solidez que tenía a principios de temporada y tiene un problema importante: el gol. Los datos ofensivos son demoledores: sólo dieciséis goles en las dieciséis jornadas de la segunda vuelta.
Pero hay más. En los últimos cinco partidos, sólo un gol: algo inédito ya que el club compite en torneos nacionales. El debate está servido. Algunos señalan el enfoque excesivamente defensivo y especulativo de Massimiliano Allegri; otros, en defensa del técnico toscano, recuerdan la plaga de lesiones y los problemas en la cima: el enigmático fichaje de Nkunku (40 millones pagados al Chelsea), los continuos reveses de Leão y Pulisic, la grave lesión de Santi Giménez -cinco meses de baja- y el precario estado de Füllkrug, que llegó en enero.
Los delanteros del Milán no marcan desde hace dos meses: el último gol fue de Leão, en el Cremonese-Milán el 1 de marzo. Y, a decir verdad, no es que generen demasiado: contra el Sassuolo, el primer disparo a puerta llegó en el tiempo añadido, un tiro libre inofensivo ejecutado por Christian Pulisic.
Hoy Luka Modric está de vuelta en Milanello, tras la operación de hace ocho días. Estará con el grupo en este tramo decisivo de la temporada y busca una recuperación récord para llegar a la Milán-Cagliari en la última jornada. Mientras tanto, el Milan camina sobre la cuerda floja: a falta de tres jornadas, la Roma está a tres puntos y la Juve a dos. No hay margen de error.
Y el futuro de Luka también depende de su pase a la Liga de Campeones: según 'La Gazzetta', si no hay clasificación, será complicado que el croata siga un año más; y con él, Allegri tampoco. Después de ser el faro del Milan durante toda la temporada, el futuro de Modric está en manos de sus compañeros. Su continuidad probablemente pase por los próximos tres partidos. Y entre los aficionados rossoneri sigue rondando una idea molesta: ¿y si aquel Milan-Juve fuera realmente el último?