Por algo es la mejor Liga del mundo. Una final a la altura de la competición. Drama, nervios y, por supuesto, el VAR. Un gol de Trossard sobre el final y otro anulado a Wilson en el tiempo añadido dejaron a la Premier casi sentenciada. No era el día del Arsenal y, aun así, lo lograron. Arteta celebra que la maldición está cada vez más cerca de romperse.
El comienzo del Arsenal fue eléctrico. Calafiori estuvo a punto de marcar en varias ocasiones, pero Hermansen, Mavropanos y el palo impidieron el primer gol de los gunners. El único gol que le faltó al equipo de Arteta fue que la intensidad fuera la ideal para un partido como este. Pero la lesión de Ben White trastocó los planes de Mikel.
El lateral se marchó lesionado a la media hora de juego y Zubimendi ocupó su lugar, siendo titular en el banquillo por tercer partido consecutivo. Rice pasó al lateral derecho y el Arsenal empezó a perder el control del partido. Dejó de llegar al arco de los Hierros y Raya tuvo que salvar un cabezazo de Taty Castellanos al filo del descanso.
Tampoco pudo el Arsenal en la segunda parte, en la que los de Arteta salieron mucho peor. Muy denso y mucho más fácil de defender para el West Ham, que parecía cómodo atrás.
El equipo visitante se mostró muy desbordado, sin ideas y con el único plan de meter bolas 'en el bote'. Centrales que sacaron sin problemas las 'torres' del West Ham. Y claro, con el tiempo agotándose, Arteta quemó los barcos y permitió que los 'martillos' crearan peligro a la contra. En uno de ellos, Mateus Fernandes se llevó la victoria. Un mano a mano que acabó con el mejor portero de la Premier con un pie milagroso. Raya no marcó, pero como si lo hubiera hecho. Una parada digna de gol que Trossard confirmaría más tarde ante el delirio de los Gunners presentes en el London Stadium.
Pared perfecta dentro del área y, quién sino, Martin Odegaard sirvió un balón atrás perfecto para que Leandro Trossard batiera a Hermansen y dejara la Premiership más cerca que nunca. Después, el Arsenal supo resistir la tensión en Londres. Nuno loco en la banda. Arteta, completamente loco celebrando la victoria. Pero el último acto quedaba.
El West Ham no se rindió y en uno de los últimos momentos, Callum Wilson tenía en sus manos el destino de la Premier League. Gol fantasma, el reloj suena y el drama más presente que nunca. Raya reclamó insistentemente una falta. Y la presión hizo efecto. Luego de una revisión interminable, el árbitro se dirigió a la pantalla y anuló el gol de los Hammers. Ganó el Arsenal. La Premier se decidirá por detalles. Y hoy puede ser clave.