Desde su apocalíptica derrota en El Sadar, el Sevilla ha pasado de vivir con miedo a creer en los milagros. En uno de esos días que explican por qué el fútbol es un estado de ánimo, firmó una gesta que nadie podía presagiar tras los primeros veinte minutos de juego. Con 2-0 en contra y frente a un Villarreal muy superior, el cuadro nervionense no solo no se desmoronó, sino que encontró en la resiliencia táctica y el empuje de sus canteranos la vía para otra remontada épica. Los goles de Oso, Kike Salas y Akor Adams certificaron el triunfo en un feudo donde únicamente habían vencido Barcelona y Real Madrid (2-3). Un suspiro de alivio en su temporada más difícil del presente siglo.
Luis García Plaza ya adelantó que tendría que realizar cambios en la alineación. Entre las novedades, destacó el regreso de Azpilicueta, más la entrada de Sow, Oso y Akor Adams de inicio. El navarro, portando el brazalete de capitán, no jugaba desde el 21 de marzo cuando se lesionó contra el Valencia. Aunque el dibujo partía de un 4-4-2, el Sevilla mutó hacia un 3-4-3 en fase ofensiva, con Azpilicueta, Kike Salas y Suazo cerrando para que Carmona y Oso dieran mucho vuelo a sus carriles. Enfrente, el Villarreal, que venía de rotar varios jugadores ante el Mallorca, dispuso casi todo su once de gala.
El Sevilla pecó de una gran falta de tensión en los primeros minutos, sobre todo por malos marcajes a jugadores como Moleiro y Gerard Moreno. "Nos han sorprendido con el cuadrado de dentro", explicó García Plaza, "son un equipo que busca transiciones muy rápidas y había que tener las vigilancias muy claras, pero no ajustábamos bien en defensa". Con el bloque demasiado abierto, los hispalenses perseguían sombras; el Villarreal superó líneas con facilidad, encontró espacios a la espalda de los centrocampistas y castigó su parsimonia hasta dos veces en el marcador.
A pesar de un arranque nefasto, el Sevilla no renunció a su plan, presionando al Villarreal en su campo no tanto para robarle directamente el balón, sino para forzar errores en el inicio del juego. Los laterales amarillos sufrían y, a diferencia de partidos anteriores, García Plaza ordenó volcar el juego por la derecha, donde Carmona y Rubén Vargas crearon superioridades constantes. Pero la reacción llegó por el otro lado, con un gran gol de Oso que obtuvo premio a su insistencia y su verticalidad. Sin duda, una de las principales aportaciones tácticas del entrenador madrileño ha sido potenciar el juego por las bandas.
Con el 2-1, el Sevilla ajustó sus líneas, juntó el bloque y empezó a ganar duelos. La incorporación de los centrales al ataque fue la clave del empate: mientras Azpilicueta generaba ventajas por la derecha, Kike Salas hacía lo propio por izquierda. El defensa de Morón de la Frontera, que pisa área rival cada vez que puede, hizo valer de nuevo su alma de delantero y fusiló la red tras una asistencia de Vargas antes del descanso. El empate culminó unos minutos de asedio que cambiaron por completo la inercia psicológica del encuentro.
Después de la reanudación, el Sevilla fue capaz de mantenerse cerca de su plan de partido. Para ello fue clave la intensidad por ambos carriles. Carmona y Oso estuvieron magníficos en ambos lados del campo. El diestro ofreció un despliegue físico sobresaliente, anticipando en campo contrario, leyendo bien el juego con pases interiores y salvando incluso un gol sobre la línea de su portería, mientras que el zurdo estuvo estelar y se hizo dueño y señor de su banda (4 regates y 3 robos).
La gestión de los cambios por parte de García Plaza volvió a ser determinante una vez más. La entrada de Alexis y Juanlu refrescó la presión alta y permitió asfixiar la salida de balón de un Villarreal cada vez más impreciso. De un robo provocado entre ambos nació el tanto definitivo. Akor Adams anotó un gol con apenas un 4,1% de probabilidad demostrando que, pese a sus limitaciones técnicas, tiene el instinto necesario para ser decisivo. El nigeriano ha firmado dos goles cruciales en dos jornadas consecutivas para dar seis puntos que pueden valer una permanencia.
El Sevilla tiró de pragmatismo para blindar la victoria en los momentos de mayor agonía. Con la entrada de Castrín y Gudelj, García Plaza retrasó líneas ya en un claro 5-4-1, logrando cerrar el resultado sin prácticamente conceder ocasiones al Villarreal. Tras unos veinte minutos muy malos, sus futbolistas mostraron carácter y fueron capaces de ser superiores a todo un equipo Champions, ganando más duelos, rematando más a portería, recuperando más balones y cometiendo menos pérdidas. Un partido imperfecto, pero muy serio.
Los números con García Plaza confirman la metamorfosis del Sevilla: ha pasado de haber ganado ocho partidos en toda la temporada a firmar un cuatro de siete bajo su mando. Con 43 puntos en la clasificación liguera, de momento deja el descenso a cuatro de distancia, aunque las victorias de rivales directos como Levante, Alavés y Espanyol obligan a no bajar la guardia. "Como están ganando todos, a lo mejor se va esto a 46 puntos. Hasta que no esté hecho no me voy a relajar ni un segundo", advirtió el técnico sevillista.
Con este triunfo, el Sevilla encadena tres consecutivos en Liga después de dos años, rompiendo una racha de nueve sin ganar en Villarreal. Además, consigue remontar dos goles fuera de casa por primera vez desde 2017, cuando lo hizo precisamente frente al mismo equipo por 2-3. Ahora la permanencia pasa por rematar la faena en el Ramón Sánchez-Pizjuán ante el Real Madrid. Si bien es cierto que la salvación matemática cada vez parece encarecerse más, los blanquirrojos han recuperado su espíritu competitivo justo a tiempo. Y ya saben que en su "manicomio" todo es posible