Lo cierto es que el Atlético ha ganado uno de los últimos ocho partidos que ha disputado. El dato tiene un punto peliagudo, como tantos otros, porque algunas de aquellas derrotas supieron a la mejor de las victorias, pero sirve para perimetralizar el estado actual del conjunto rojiblanco, que lleva tiempo preocupado por lo que será, pero ahora también circula melancólico por lo que no fue. De partido en partido, no hay rastro. El Elche, que ha pasado de lo divino a lo humano en lo que al juego se refiere, tiene en cualquier caso un Affenbruger imperial. Para su arsenal, tras marcar, provocar el penalti (más la expulsión) y asistir, sucesivamente, en tres goles que valen tres puntos para escapar de la quema.
Puedes ser Nico, puedes ser Almada. Cada uno elige. Porque es una cuestión de actitud que se acaba traduciendo en el fútbol. Para cuando la indescriptible Cuadra indicó el break y el primero se retiró con doblete, el segundo ya llevaba un rato en la ducha. Uno sumaba, el otro restaba. Y ahora te explicamos, por ejemplo, la rotación de la final, en la que el día 23 se disputaba antes del 11. Con ambos y con Affenbruger podemos explicar casi todas las acciones de un primer acto que, en todo ello, nació tarde por un take away de este VAR. La mejor Liga del mundo.
Tampoco tiene tecnología de portería, le parece caro a Tebas, aunque conviene ir por partes. El partido había amanecido con el Elche dominando, por lo que marcó el Atlético. Aquella diana le había venido bien a los de Simeone, por lo que respondió el equipo de Sarabia. No habría dónde conseguirlo en toda la tarde. En lo que respecta al 0-1, Nico recorrió prácticamente todo el campo, obligado por esa posición de banda derecha en la que empezó, antes de recibir un taconazo de Mendoza y culminar el contragolpe. En lo que al 1-1 se refiere, estaba claro que el catálogo de jugadas a balón parado ofrecido por el Elche acabaría en un error visitante, es decir, una línea mal ejecutada, es decir, una salida aún peor ejecutada de Oblak.
Se jugó un largo trecho en el campo rojiblanco, hasta que apareció Almada en escena. No lo habían visto en media hora... pero fue notablemente peor cuando lo vieron. Ya no es que perdió un balón absurdo en el balcón de su área apenas notó la presencia de Affenbruger, es que también intentó resolverlo agarrándose dentro del área. El pitido fue fácil de activar, el incidente resultó en penalti y expulsión. André Silva hizo los honores en el lanzamiento, por lo que el Elche obtuvo inmediatamente dos ventajas, en cuanto a personal y en cuanto a marcador.
Pero he aquí que apenas se reanudó la cosa, Nico peleó un balón largo con la determinación que les faltaba a sus compañeros, para, considerando la relación, controlarlo, deshacerse de Valera, impedirle salir a la línea de fondo (aunque el de la bandera no se dio cuenta), lanzarle un sombrero a Dituro y cabeza lo suficiente para cruzar la línea (aunque el de la bandera no se dio cuenta). La tecnología, que antes no funcionaba, al menos llegó a tiempo para corregir otro error.
Los cambios de Simeone llevaron a Nico a la izquierda en el segundo acto, desactivándole, pero el del traje negro parecía mucho más preocupado por el reparto de esfuerzos y la recuperación de futbolistas como Barrios. Poco después de la hora había terminado las cinco, aunque algunos de los que salían parecían hacerlo con las manos en los bolsillos. Era cuestión de tiempo que la lluvia de saques de esquina desembocara en gol, nuevamente en la segunda jugada, nuevamente defendida de esa manera, para mayor gloria de Affenbruger y André Silva. El resto consistió en una parada de Dituro a Griezmann y las prisas de Cuadra para que acabara lo antes posible.