Creer en la propia propaganda siempre es problemático porque significa perder el contacto con la realidad y proclamar que está mal si no responde a tus deseos. Suele ser el preludio de grandes reveses o, como prescribe el Principio de Peter, de alcanzar el nivel de incompetencia. En el deporte, y también en el fútbol, es especialmente peligroso porque de momento lo que sigue contando a efectos de la 'realidad', es decir, de ganar o no ganar, es el resultado y no la forma de explicarlo.
Pero todo tiene varias lecturas. William Shakespeare dijo en 'La fierecilla domada' que "una esposa que confía más en sus ojos que en los de su marido no es una buena esposa". La línea social actual, o al menos lo que 'se' pretende que sea la línea social actual, 'trata' de acentuar el sentimiento de pertenencia por encima de todas las cosas. Alguien que pertenece, que defiende 'algo', debe defenderlo ante el legionario, con razón o sin ella, dice el lema. No importa lo que vean tus ojos. Tu opinión personal no importa. Hay que obedecer lo que se dice, comprar todo el lote, so pena de ser considerado traidor, tibio, ilustrado... Cosas así.
Por ejemplo. Supongamos que eres un club de fútbol, un club grande, muy grande, el más grande de todos los tiempos, el Absoluto del fútbol. La medida de todas las cosas, algo cuya grandeza no depende de los resultados sino que estos deben darse por sentados, de tal modo que si se da la molesta circunstancia de que no lleguen, siempre es por un problema externo, una conspiración de envidiosos o algo similar.
Y supongamos que necesitas, porque siempre necesitas cosas del reglamento, un entrenador. La consecuencia lógica de tu proclamación sobre ti mismo es que nunca tendrás un entrenador que esté a la altura de tu grandeza, que siempre tendrás que conformarte con algo menos porque, ya lo has dicho, eres incomparable.
Y la consecuencia lógica, por tanto, es que este entrenador esté siempre bajo sospecha, siempre examinado para ver si está a la altura en todos los sentidos. Incluso lo que en otros ámbitos sería el más importante, se gane o no, aquí tendría menos valor: lo realmente importante será si se ajusta a la retórica o no, aunque si llegan los triunfos puede haber un respiro...
Así, los entrenadores tentados por el desafío pueden elegir dos cursos de acción. Uno, ser escéptico ante la propaganda, indiferente a los ataques y seguir su propio camino. Otra, que asume la propaganda y su tarea principal es proclamar esa Grandeza a la que ha sido admitido. En el primer caso, trabajarás con más o menos tranquilidad mientras dure este parón de resultados. En el segundo, los resultados no importarán: mientras defiendas la retórica con suficiente vehemencia, buscando y señalando enemigos internos y externos, tendrás el aplauso de todos los creyentes haya o no resultados. En este caso, también tendrás las de tus rivales… En fin. Como decía Quevedo (el escritor antiguo, no el rapero moderno), quien quiera que todo sea siempre de su agrado, que sepa que tendrá muchas decepciones.