El Girona parecía tener encarrilada su permanencia pero la reacción de los de atrás y las dos derrotas de las últimas cuatro jornadas le dejan metido de lleno en la lucha por evitar el descenso a Segunda División. Los gerundenses han sumado sólo un punto de los últimos nueve, no ganan fuera de casa desde el pasado 16 de enero en el campo del Espanyol (0-2) y ante tanta irregularidad cuesta cerrar el gran y único objetivo del club después de un inicio de temporada desastroso en el que tardó ocho jornadas en ganar y estuvo dieciséis en el descenso directo.
Los de Míchel tenían colchón pero ya saben que si vuelven a equivocarse y no consiguen los tres puntos ante el Mallorca, otro rival directo en la pelea como el Valencia, sufrirán lo que no está escrito para seguir en la máxima categoría.
El conjunto rojiblanco se vuelve plano, predecible y sin veneno en ataque cuando se aleja de Montilivi, algo que le pasa factura cuando no es la mejor defensa del campeonato. La quinta derrota del Girona en 2026 llega en el peor momento, desperdiciando otra oportunidad de dar un paso de gigante. Tendremos que remar mucho más.
El técnico de Vallecas dejó en el banquillo a Fran Beltrán, cansado y debilitado físicamente, tras el partido ante el Betis en Montilivi, en el que fue el único cambio en el once inicial. El exjugador del Celta fue sustituido por Thomas Lemar, que parece haber superado o evolucionado sus molestias en el púbico que le han alejado de minutos en los últimos partidos. El francés, que no tuvo su mejor partido, compartió ataque en el centro del campo con Ounahi, con quien intercambió la posición en la banda izquierda; Tsygankov, fijo por la derecha, y Echeverri, que ante las bajas de Vanat y Abel Ruiz ha asumido la referencia ofensiva pese a tener mucha movilidad y buscar asociar y encarar la defensa rival con el campo. Las cosas tampoco salieron bien y Stuani acabó entrando para crear una ocasión inmejorable que repelió Dimitrievski en el 90.