Esto ya se ha explicado más veces aquí, que un triunfo pírrico es aquel que se consigue, sí, pero que se puede considerar de poco valor teniendo en cuenta lo que uno deja atrás. Por ejemplo, a Barrios. De nuevo a Barrios. Que no estuvo el día que tenía que estar, es decir, Sevilla, y que ahora intentaba recuperar un estado de forma aceptable antes de la doble cita con el Arsenal. Así que Simeone le incluyó en el once para que hiciera un mal primer acto y para que, cuando venía arriba, fundamental en el segundo gol local, volviera a perderse por culpa de su musculatura.
Allí se hizo el silencio en el Metropolitano, justo después de los minutos en los que el Atlético había remontado sin darle demasiada importancia, dos asistencias de Baena, una aprovechada por Griezmann, otra por Sorloth, en ambas jugadas que el Athletic defendió mirando. Y ese cambio fue forzado, Cardoso al césped, pero el resto llegó a trompicones, nueve en unos diez minutos. El resto de la noche transcurrió en un quiero y no puedo de visita, para que Sorloth certificara la victoria en la penúltima hora, dolido también tras hacer un buen servicio de Molina con su cabalgada, para que Guruzeta pudiera recuperar al toque de bocina.
En cualquier caso, la temporada del Atlético pasa por una eliminatoria ante el que posiblemente sea el mejor equipo del planeta a balón parado, por lo que, a modo de ensayo general, cuanto menos curioso, el equipo de Simeone permitió mucho antes de todo eso que Paredes cabeceara de cabeza el córner que había sacado completamente solo Galarreta. Se supone que el miércoles no jugarán ni el que regaló absurdamente aquel saque de esquina ni el que luego perdió la marca del central visitante, más que nada porque no son dos, hay uno, Lenglet en el dispositivo, pero ni siquiera ese hecho invita al optimismo sobre lo que está por venir.
La diana transcurrió sin incidentes en un primer acto que a nadie pareció preocupar especialmente, pero que de todas formas el Athletic supo manejar con soltura. Desde el principio también, cuando Oblak pidió disculpas a Guruzeta, tardo en salir, rápido en tapar. Lo siguiente fue una carrera entre Baena y Vivian, de la que cualquier lector sagaz podrá adivinar quién salió victorioso, por lo que mucho antes del cuarto de hora, Simeone ya estaba trepando las paredes, es decir, en este caso lanzando un puñetazo al balón que salía del campo por su zona técnica.
Eso fue un sindios en clave local. Se podría volver a hablar de melancolía, por supuesto, si no fuera porque también parece haber mucha ineptitud. Y no hay manera de individualizar el caos colectivo, por mucho que se quiera escribir sobre determinados futbolistas. La temporada está dejando demasiados mensajes en ese sentido, pero, en lo que respecta a la disputa con el Athletic, hasta el descanso todo fue más de lo mismo: el Athletic a gusto pero sin ningún esfuerzo especial para hurgar en la herida.
Simeone no quiso hacer cambios tras la reanudación. Entre otros, Julián Álvarez estuvo en el banquillo, y si no tuvo minutos será por algo, aquí todos se conocen, pero Grizi empató de inmediato, en su penúltimo partido en casa, luego de que Vivian le arruinara la noche, y Sorloth le hizo los honores correspondientes a la recuperación de Barrios previa a la lesión que vino a demostrar que se puede ganar perdiendo y perder ganando. Quien pueda, que lo explique. Pero de momento llega el Arsenal, en semifinales de la Champions. Puntos para el Atlético. Pagando peaje, sí.