El PSG no logró vencer al Lorient en casa en un partido que ofreció poco fútbol. Los goles de Mbaye y Zaire-Emery no lograron dar la victoria al equipo parisino tras los goles de Pagis y Tosis. Una eliminatoria que sabe muy poco para los de Luis Enrique de cara a su visita europea el próximo miércoles.
El partido empezó con un once del PSG lleno de rotaciones, esta decisión es una decisión razonable más allá de las lesiones, y Luis Enrique quiso reservar jugadores con la vista puesta en el partido europeo del próximo miércoles contra el Bayern, en el que para muchos la ida era considerada el partido del siglo. Aun así, los parisinos tenían la oportunidad de seguir consolidando su liderato liguero haciendo los deberes y seguir presionando al Lens, principal perseguidor. Aún está pendiente el partido aplazado entre ambos.
Con el balón en juego, el PSG asumió el mando mediante la posesión, instalándose en campo contrario y acechando constantemente la portería de Mvogo. El dominio no tardó en dar sus frutos. En el minuto 6, Mbaye abrió el marcador con un poco de fortuna. La jugada nació en las botas de un eléctrico Doué, que desbordó su carril, se deshizo de su marcador y colocó un centro que pegó en el torso de Mbaye. El rebote, con ese suspenso que precede al gol, acabó besando la red para certificar el tempranero 1-0.
Sin embargo, el dominio local fue un espejismo. Muy poco bastó para que el Lorient creara peligro, castigando una y otra vez al carril derecho parisino. Allí, el desajuste de Dro fue un drenaje, sus deficiencias en las coberturas dejaron completamente expuesto a Lucas Hernández. Así llegó el empate. Katseris centró demasiado libremente para que Pagis, desmarcado en el punto de penalti, disparara a Renato Marin, el tercer portero titular del día. La fragilidad defensiva desató el morrocotudo enfado de Luis Enrique, que no ocultó su frustración con Dro desde el área técnica.
Tras el empate, el partido entró en una fase aburrida. El PSG mantuvo el control territorial, pero su ataque se volvió predecible y carente de profundidad, siendo un disparo al larguero el único aviso serio antes del intermedio. El plan del Lorient seguía siendo el mismo, solidez defensiva y transiciones rápidas que, con muy poco esfuerzo, conseguían destapar las costuras de la defensa de Luis Enrique. Los equipos acudieron al vestuario con el guión abierto y la sensación de que el dominio del PSG era tan amplio como inofensivo.
El segundo tiempo iba a ser un reflejo del primero, con la diferencia de que los locales iban a poder afinar más sus tiros. De hecho, iba a ser el recién presentado Zaire-Emery con brazalete de capitán el que, desde fuera del área, iba a inventarse un disparo inapelable que iba a pasar entre las piernas de dos defensas y sorprender al portero para marcar el gol que ponía por delante a su equipo.
Sin embargo, las cosas iban a ser revulsivas, Tosin, que acababa de saltar al terreno de juego, aprovechó un craso error en la entrega de la defensa parisina para castigar cruelmente. El atacante inventó una eléctrica jugada individual. Arrancó el bici con potencia, se sentó con los suyos con un corte certero y envió un latigazo que, tras impactar en el poste, se coló en la red. Fue en la que sería una de las pocas llegadas de toda la segunda parte, en la que el Lorient volvió a empatar el marcador.
En el último cuarto de hora el conjunto parisino se lanzó al ataque generando ocasiones de todos colores. Disparos que se estrellaban en el palo, balones que agonizaban en la misma línea de gol y Mvogo se convertía en pared interceptando lo imposible. Sin embargo, en una de esas noches en las que el balón simplemente no quiere entrar, el marcador no avanzó más. El PSG firma un empate con poco sabor justo antes de jugarse la plaza en la final en su visita al Allianz Arena.